Cuantos con quienes podrias acostarte...
y cuan pocos con quienes querias despertarte, y al partir por la ma;ana, sonre;r, decir adios con la mano al despedirse, y esperar noticias suyas todo el d;a.
Cuantos con quienes simplemente se puede vivir,
tomar cafe, hablar y discutir,
ir de vacaciones al mar juntos,
estar al lado, como se debe, en pena y alegria, y aun as; nunca llegar a amar de verdad...
Cuan pocos con quienes uno querria so;ar, mirar como las nubes danzan en el cielo,
escribir palabras de amor en la primera nieve, y pensar solo en esa persona, sin desear ni conocer mayor felicidad.
Cuan pocos con quienes podrias callar, que te entienden con media palabra, con media mirada,
a quienes podr;as dar a;o tras a;o sin dudar, y por quienes podr;as aceptar, como recompensa,
cualquier dolor, cualquier tormento.
... As; gira este enredo interminable... muchos se encuentran f;cilmente y se separan sin dolor.
;Y por que?
Porque son muchos aquellos
con quienes podr;as acostarte,
y pocos con quienes querrias despertarte.
Nos debatimos entre el trabajo, lo cotidiano, los asuntos...
Pero quien quiera oir, debe aprender a escuchar.
Corriendo solo ves los cuerpos...
Tienes que detenerte para poder ver el alma.
Elegimos con el corazon, con la razon, tememos devolver una sonrisa con otra...
Y solo abrimos nuestra alma a esa persona con quien querr;amos despertar.
... Cuantos con quienes se puede hablar, y cu;n pocos con quienes el silencio es preciado, cuando el hilo fino de la esperanza
entre nosotros es simple comprension.
... Cuantos con quienes uno puede entristecerse, avivar las dudas con preguntas sin fin...
Y cuan pocos con quienes uno puede reconocerse, como reflejo de la propia vida.
Cuantos con quienes seria mejor callarse, de quienes ser;a mejor guardarse en los momentos de pena...
Y cuan pocos a quienes podriamos confiarles lo que ni a nosotros mismos nos contamos...
... Cuan pocos con quienes encontramos fuerzas del alma,
en quienes creemos ciegos con corazon y alma, a quienes llamaremos sin falta
cuando la desgracia llame a nuestra puerta...
Cuan pocos con quienes, sin complicarse, podriamos compartir penas y alegr;as a sorbos...
Quizas solo gracias a ellos
amamos este mundo tan cambiante (c) Eduard Asadov
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